Universidad

A hurtadillas, con timorato cariño maternal, la reina llegó hasta la cuna en intento de rescatar a la hija. Cuando iba a tomarla gritó dolorosamente y se doblegó en el piso de mármol.
“¿Quién es la afable gorda que venía en mi socorro y desapareció?”, entonó, desde la cuna, la cuidadosa voz musical.
Movióse Sota de Espadas con incomprensible agilidad: los ojillos de puerco, iracundos;el pico fundamental, levantado y agresor; el hociquillo desdentado mudándose de mueca en mueca; la gibosa silueta lanzada hacia adelante; las manos nudosas, huesudas como árboles secos en miniatura,expresivamente amenazantes. Algo teatral advertíase en la anciana furiosa, pues, por ahora, afectaba grave seriedad, y su voz de hada anciana era hermosamente juvenil y su risa surtidor de agua fesca ypurísima:
“¡Insensatas! ¡Golosas creaturas! ¡Ved lo que habéis logrado!”
Entonces, con poco comedimiento y menor destreza maternal, sacó de su cuna a la princesa Brunilda y la alzó en susbrazos. Mas lo que extrajo no fue una niña de facciones gentiles, si no un objeto sumamente deformado, con una horrenda masa de carne y pelos, un monstruo enano. Por acción de los dones, la princesahabíase metamofoseado: su cabeza, por guardar inteligencia había crecido desmesuradamente; los rasgos antes armoniosos de su cara, eran ahora los de un desapacible batracio; el cuello de incomparablecantora, era ancho y vigoroso como de luchador turco; los brazos y piernas de laudista consumada, eran musculosos y blancuzcos semejantes a los del discóbolo de mármol.
Sota de Espadas increpó alas cuatro hadas niñas:
“¡Qué dones habéis otorgado a la princesa! Tornarla sapo canoro, diversión de feria, globo viviente, medusa, arpía dolorida. ¡Ah! Caramelos brutalizados por vanidades yfiestas: contemplad vuesta obra; ved a este pobre engendro, a este tierno horror sufriente. ¡Qué cabeza! ¡Qué cabeza! Desde las destrucciones de Circe y de su sobrina Medea, nada se ha contemplado…